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Filosofar de espaldas a la realidad.

Cuando alguien pretende hacer una demostración de una afirmación cualquiera, las reglas de la lógica indican que se debe comenzar enunciando premisas para luego llegar a una conclusión, del encadenamiento lógico de las premisas se infiere que la conclusión debe ser verdadera. Si el encauzamiento de la demostración presenta una lógica defectuosa se asume que el razonamiento es inválido. En lógica formal esto se conoce como falacia argumentativa.

Por otro lado toda argumentación exclusivamente lógica será en última instancia una prueba débil, por más válido que sea el razonamiento y aunque se llegue a una conclusión verdadera. Esto se debe a que, contrariamente a lo que se creía antaño, la realidad no tiene por qué ser tal como la lógica pura demuestre. En otras palabras, la realidad no tiene por qué ser lógica.

En ciencias, al contrario que en filosofía, la realidad es la que determina la validez de un argumento, por eso es muy importante experimentar la hipótesis, ponerla a prueba, hacer experimentos, contrastar la lógica con la realidad. En filosofía no existe tal cosa. En filosofía se usa algo que se llama metafísica, que es, digamos, un "lugar" donde "existen" ciertos "entes" que poseen unas características especulativas dadas, algunas parten de la experiencia cotidiana, de la percepción que tenemos de la realidad pero no siempre el ente metafísico tiene un exacto paralelo en la realidad fáctica; de allí el nombre, metafísica, o sea, lo que está un poco más allá de la física, aislado de la física material pero que trata de explicar en otros término cómo es la realidad física.

Pero al contrario de las ciencias (sobre todo las experimentales) en la metafísica no se puede hacer experimento alguno y las conclusiones se sacan usando la lógica, es decir, filosofando.

La teología es una rama de la filosofía que trata sobre un ente llamado Dios, la cual le atribuye ciertas características arbitrarias e intenta explicar qué es el ente en cuestión y cómo y por qué es como es.

La premisa de la teología es Dios existe, y a partir de allí buscar argumentos lógicos que describan a Dios y por ellas tratar de probar su existencia, pero hay que recordar que Dios, como concepto, solo existe en la metafísica. Sin embargo en el ámbito religioso se suele decir que Dios, el ente, también se manifiesta en la realidad física, por ejemplo al decir que ese ente es el responsable por la creación de la realidad, "Dios creó el Universo" es una de las características que la teología natural le suponen al ente que estudia. Sucede entonces que Dios, el ente que comienza siendo metafísico, interviene en la realidad física y como he mencionado antes debería, entonces, ser experimentable de alguna manera, lo que lleva a meter a Dios en el ámbito de la ciencia.

Pero la ciencia no dice nada acerca de Dios, ni a favor ni en contra, no dice que existe o que no existe, simplemente no se pronuncia al respecto. La ciencia es agnóstica respecto a la cuestión "Dios". Y por cierto, nunca echa mano de Dios para explicar ninguna de las cosas que le son ámbito de estudio para la ciencia. Primero porque Dios no es experimentable de ninguna manera, nunca se le ha detectado, y segundo porque no necesita echar mano de ese ente, Dios es una hipótesis innecesaria, como dijera Laplace.

No quiero decir con esto que la metafísica y la filosofía en general no sean algo útil para el desarrollo del conocimiento humano, nada de eso, muy por el contrario, la filosofía ha sido la que ha trazado el rumbo de las ciencias durante muchos siglos y aún hoy es importante para las ciencias pues es, en parte, el motor que mueve la maquinaria de la investigación, pero, sepase que la filosofía puede señalar el rumbo mas no será la encargada de determinar con anticipación si ese rumbo es el correcto, pues, como toda actividad intelectual humana, no está exenta de errores. Uno de esos errores es, a mi parecer, la teología misma.

Muchos hombres, grandes pensadores ellos, han querido demostrar la existencia de ese ente llamado Dios mediante la lógica, uno de ellos resalta entre todos: Sto Tomás de Aquino. Este hombre, monje dominicano, enunció durante el siglo XI sus famosas 5 vías para demostrar la existencia de Dios, comúnmente llamadas "vías tomistas", estas están fuertemente basadas en los textos que Aristóteles había escrito siglos antes y comparten ampliamente la visión del mundo que tenía el gran pensador griego, pero recuérdese que tanto Aritóteles como Sto Tomás de Aquino creían que la metafísica era un ámbito de estudio útil, incluso más útil que la ciencia experimental y además creían que lo que se deducía mediante la lógica debía tener por fuerza un reflejo en la realidad, sin embargo la realidad tal como se la concebía en aquél siglo dista mucho de ser la que tenemos hoy. No existía el concepto de átomo como lo conocemos hoy, ni había nada llamado astrofísica, ni biología, ni viajes espaciales ni nada de eso. Era más bién una realidad bastante inmediata y bastante estrecha, donde la mayor inspiración era lo que el alcance de los sentidos humanos podían percibir. Aún así las 5 vías tomistas fueron los argumentos imbatibles para demostrar la existencia de Dios aún entrado el siglo XIX aunque hubo otros grandes pensadores que pusieron en duda ciertos aspectos de las vías tomistas (por ejemplo, Immanuel Kant) no sería hasta la aparición de la ciencia moderna, a mediados del siglo XIX cuando las vías tomistas fueron finalmente refutadas, al menos en el plano estrictamente físico. El éxito de las argumentaciones de Sto Tomás de Aquino llevó incluso a que la iglesia instituyera como "oficial" la teología enunciada por este hombre y la llevó a desarrollarla profundamente.

Es que, como he dicho, a la ciencia no le interesa lo que no es experimentable y como también he mencionado, la ciencia no trata sobre metafísica, sino sobre física, sobre la realidad fáctica. Mal que les pese a los teólogos modernos la ciencia con su poder de explicación relegó a la metafísica al plano en que debe estar, es decir, al de la especulación razonada, y a la filosofía como mera herramienta para trazar caminos y como ayuda para explicar pero de ninguna manera rige como árbitro de sus descubrimientos. De esta forma la teología (y con ella su metafísica) pasó de ser la "Ciencia por excelencia", a ser un simple pasatiempo intelectual. Los derroteros del conocimiento humano van por otros caminos y ya dejó atrás las limitaciones inherentes a esa actividad del intelecto.

La realidad en cuanto tal no es necesariamente racional ni lógica. Tómese por ejemplo alguno de los postulados científicos de hoy. Los agujeros negros desafían nuestra razón al sostener que dentro de ella la materia se comprime de tal forma que su volumen es igual a cero y no por ello deja de existir, o la Teoría de la Relatividad de Einstein que postula que un objeto viajando a una velocidad cercana a la de la luz puede aumentar en más de 20 veces su masa, y si la iguala, su masa se hace infinita. Esto va en contra de lo que la lógica sencilla indicaría. Estos postulados no pueden usarse en metafísica y sin embargo los teólogos tomistas insisten en que sus premisas son verdaderas.

Una de las vías tomistas plantea que a toda causa le sigue un efecto, es decir, existe una cadena causal donde una causa provoca un efecto que a su vez puede ser causa de otro efecto y así sucesivamente. La física cuántica desafía esta premisa al afirmar que existen efectos sin causa o bién que existen efectos cuya causa es posterior rompiendo de esa manera la llamada cadena causal. Esto simplemente no cabe en ningún aserto metafísico pero eso no significa que en la realidad no se de, y de hecho hay sobrados datos experimentales de que esto es un fenómeno real, fáctico, y no puede ser ignorado. Pero de hecho se le ignora, como se ignora muchos otros experimentos que demuestran que otras tantas premisas de la metafísica no son de aplicación universal implicando así que las conclusiones de la metafísica no siempre son aplicables a la realidad, en otras palabras, las conclusiones de la metafísica no son de carácter general. Y con esto queda sino refutado, al menos echa grandes dudas sobre las vías tomistas, tantas como para no confiar en ellas.

Hoy en día la teología que pretende demostrar mediante el tomismo la existencia de Dios está filosofando de espaldas a la realidad. Ignora que la realidad no es como pensaba Sto Tomás de Aquino que esta era, limitado solamente a lo que es sensible a los sentidos, sino que la realidad es algo mucho más amplio y que no siempre se guía por la lógica que nuestros sentidos nos parecen indicar.

La idea de perfección, un concepto metafísico, y que suele aplicarse a Dios no tiene reflejo en la realidad sino es a través de una interpretación subjetiva que hacemos de cuanto nos rodea. La perfección no existe sino es en relación a algo con el cual comparar y se requiere de un sujeto que compara para hallar tal perfección. Esto parecía plausible a los ojos medievales pero no hoy cuando sabemos que la realidad no es como esperamos que sea.

Algo parecido ocurre con el llamado orden moral de las leyes de la naturaleza. El ser humano observa la naturaleza y en un intento de describir lo que ve enuncia una serie de explicaciones a las cuales le llama "leyes" porque ve que su descripción se da inmutablemente en todas partes y en todo momento bajo las mismas condiciones. La metafísica teológica secuestra este evento y dice que esas "leyes" de la naturaleza fueron impuestas por un ente al que llaman Dios y lo hacen partícipe necesario de la implantación de dichas leyes. Pero, la realidad es bien distinta. Como se ve, hallar las leyes de la naturaleza no es nada más que un acto de simplificación que el ser humano hace, abstrayéndose de la realidad que le rodea e intentando hacer comprensible en sus términos esa realidad y, además, poder transmitir a sus pares su percepción. La atracción mutua entre dos cuerpos masivos cercanos uno al otro lo llamamos "ley de gravedad" pero a la naturaleza no le importa cómo la llamemos nosotros, ella simplemente es indiferente a cómo la percibamos nosotros o si la percibimos en primer lugar, ella se comportará de igual manera existamos nosotros o no. La teología incluso quiere ver en la moral del ser humano una firma divina al proponer que es este ente llamado Dios el responsable de que nosotros nos comportemos de la forma en que lo hacemos, pasando por alto el hecho de que parte de nuestro comportamiento está condicionado por la carga genética y nuestro entorno cultural siendo de esta manera la moral un "hecho" relativo de un grupo de humanos en particular, por el contrario la teología propone que la moral es absoluta, como absoluto es el supuesto creador de esta. Otra vez filosofando de espaldas a la realidad.

La teodicea es el conjunto de los atributos de Dios dados por la teología. Resumo algunos de ellos.

  • Es perfecto.
  • Es infinitamente bueno.
  • Es infinitamente justo.
  • Es infinitamente misericordioso.
  • Es todopoderoso.
  • Es el creador de todo cuanto existe.
  • Es absoluto.

Estos atributos no dejan de ser un conjunto de buenas intenciones, y más que nada un conjunto de especulaciones sin base en la realidad, y lo que es peor, se contradicen mutuamente. Tomemos por ejemplo el atributo de infinitamente bueno y comparándolo con el de creador de todo cuanto existe y metámonos en terrenos de la metafísica. La metafísica sostiene que la verdad y la bondad son entes, luego si Dios creó todo también ha creado la verdad y la bondad, de hecho son parte inherente de sus atributos, pero, la mentira y la maldad también son entes que se contraponen a los anteriores, luego surge la pregunta ¿cómo un ente infinitamente bueno puede crear la maldad?, si esto es posible debido a que es todopoderoso entonces no puede ser infinitamente bueno, y si es creador de la mentira no puede ser infinitamente justo.

Vayamos pues a analizar un poco esos atributos y comprobar qué hay de cierto en que Dios es absoluto. Como he mencionado antes lo perfecto no es un concepto que valga por sí mismo, entendemos perfección con relación a algo pues es un característica de grado. Si Dios en algún momento se halló solo en la existencia este no pudo ser lo perfecto. Lo absoluto cae también dentro de la relatividad, paradójicamente, pues ese es el problema de los absolutos, crean paradojas insalvables. Si Dios es absolutamente todopoderoso, ¿puede hacerse él mismo inexistente?, si esto no es posible entonces no es todopoderoso, y si puede hacerlo entonces ya lo ha hecho (y en ese caso no sería eterno).

La metafísica está llena de trampas mentales, algunas muy difíciles de desarmar. Tomemos por ejemplo lo que los filósofos de la metafísica llaman "el ser". Para ellos el ser es un ente que participa de la cosa y le proporciona la existencia en tanto tal, aquello que no es no tiene al ser participando de él. Esto es una trampa mental de los teólogos que creen que el ser es un ente metafísico que es distinto de la cosa, pero cuando se les pregunta qué es "el ser" caen en el ridículo de usar una definición circular, cuando se les pregunta cómo determinar si una cosa y su ser están participando caen en el absurdo de decir que porque la cosa es entonces el ser está participando ¿qué diferencia hay entre el ser y la cosa, si un ente y el otro dependen entre sí directamente y son indistinguibles uno del otro?. Yo nunca ví una cosa sin ser y nunca ví el ser de ninguna cosa, yo solo veo la cosa, del ser no se nada, no puedo experimentar con el ser de una cosa si no es con la cosa misma, luego la cosa y el ser son lo mismo, por lo tanto solo existe la cosa.

Ser es un verbo, no es un sustantivo. Este ejercicio mental de querer sustantivizar los verbos ha hecho correr ríos de tinta entre los teólogos y filósofos, y algunos han querido ver cosas allí donde nunca pretendieron estar y donde de hecho no pueden estar. Tirar verbos en el conjunto de los sustantivos es una aberración del lenguaje. El bailar no baila, el mojar no moja, el correr no corre y por supuesto, el ser no es, simplemente porque los verbos no son sustantivos.

Volviendo a las vías tomistas, la teología moderna al darse cuenta del fracaso de los argumentos originales del santo de los teólogos han optado, no por desecharlos, sino por redefinirlos de manera diferente. En vez de "a toda causa le sigue un efecto pero no se puede retroceder al infinito entonces se deduce que debe existir una Causa Primera que es Dios" ahora dicen "todo ente que no tiene en sí la razón de su existencia la tiene en otro que es su causa, por lo tanto el ser que tiene su razón de ser en sí mismo, entonces no tiene ni necesita tener una causa". En la nueva proposición se puede ver que lo que llaman "razón de ser" no es nada más que un disfraz para la autocausalidad. Cuando un ser tiene su "razón de ser" en otro ser, se le llama "causa" pero cuando la "razón de ser" está en sí misma solo se la pueden endilgar a Dios mismo, es decir, Dios es autocausado. ¿Por qué?, porque sí, porque se les ocurre que debe ser así.

Luego advierten sobre la contingencia y necesidad. Para esto explican que es contingente todo ente que si bien existe también podría no existir (una mesa en particular existe pero podría desaparecer como mesa o bién podría nunca haber existido), por otro lado plantean la existencia de un ser necesario que no podría no existir pues él mismo es inicio de las cosas contingentes. De vuelta a la cadena causal: todo lo contingente necesita de una causa; contingente es lo que tiene en sí mismo la potencia de dejar de ser. Como lo contingente puede ser o bien no ser, si de hecho es y no por derecho, podemos concluir que necesita en última instancia una causa de su ser en acto que sea necesaria. La trampa otra vez está en el disfraz, contingente es lo que es causado y es efecto de una causa anterior, mientras que lo necesario la Primera Causa de esa cadena causal. Pero como vimos antes la cadena causal no es tal ya que en esos términos se ha experimentado y demostrado que existen efectos sin causa y efectos cuya causa es posterior a ese efecto. Más aún, la visión tomista de la cadena causal está limitada exclusivamente a la realidad que es perceptible con nuestros limitados sentidos, Sto Tomás no sabía nada de partículas subatómicas, no conocía que el Universo no es euclidiano (es decir, geométricamente plano), que existe un límite físico para las velocidades y que sí es posible que una cosa material tenga volumen cero sin dejar de existir por eso. Los teólogos no admiten otra cosa que la temporalidad entre causa y efecto, pero la ciencia ya no cree en eso, más bien cree que no existe tal cadena sino una continua transformación mediante procesos que son sin solución de continuidad a pesar de que en el microscópico universo de las partículas subatómicas ni siquiera el tiempo es absolutamente continuo sino que se mueve "de a saltitos"; mientras que en el macrouniverso la ciencia ha descubierto teoría de la relatividad mediante, que el tiempo se puede estirar como si fuera una banda elástica, o bién contraerse e incluso detenerse. Nada de esto sabía Sto. Tomás de Aquino y nada de esto es aceptable para los teólogos modernos que continúan defendiendo sus argumentos. Otra vez, están filosofando de espaldas a la realidad.

Aún así, si los teólogos como filósofos que son, tuvieran razón al proponer la existencia de un ente necesario, cuya razón de ser está en si mismo y tuviera existencia por derecho no estarían demostrando la existencia de ningún "Dios" de la religión, pues de un ser tal como ese no se sigue que también sea infinitamente misericordioso, máximo en justicia, todopoderoso, etc..., ni siquiera sería posible decir que es único. No he visto a ningún teólogo que proponga la existencia de más de un ser que es Causa Primera, ni que en el conjunto de los seres necesarios haya más de un elemento, no hay razón ni física ni metafísica para negar la multiplicidad de seres necesarios, con sus propias razones de ser y existiendo por derecho. Finalmente no hay motivo lógicamente válido para postular que tal ser sea alguno externo al propio Universo pues la ciencia nos ha develado que el Universo es el mejor candidato para ser ese ente que los teólogos se afanan por demostrar existente. En palabras del matemático y filósofo Bertrand Russell: "Mi padre me enseñó que la pregunta “¿Quién te hizo?” no puede responderse, ya que inmediatamente sugiere la pregunta “¿Quién hizo a Dios?”. Esta sencilla frase me mostró, como aún pienso, la falacia del argumento de la Primera Causa. Si todo tiene que tener alguna causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede haber algo sin causa, igual puede ser el mundo que Dios, por lo cual no hay validez en ese argumento" a lo que yo agregaría usando el principio de parsimonia (Navaja de Occam): visto que no nos consta la existencia de Dios y sí la de nuestro Universo creo más plausible que esa Primera Causa sea el propio Universo y no Dios. Y tan errado no estoy a juzgar por las teorías astrofísicas del doctor Stephen Hawking quien explica que es posible que el Universo sea autoconsistente y autocontenido (el desarrollo de esta teoría escapa a la intención de este ensayo).

Por Diego Romero,