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La Ciencia vs. los Argumentos Cosmológicos y Teleológicos

Por Fritz Allhoff

College of William & Mary

Traducción y Adaptación: Rolón Ríos

La filosofía tradicional intentó desde muy antiguo “probar” la existencia de Dios a través de argumentos tanto empíricos como metafísicos. Teólogos y filósofos presentaron cinco argumentos a favor de dicha existencia: El argumento de contingencia, el argumento del diseño (llamado también Argumento Teleológico), el argumento ontológico, el argumento de Dios como una presuposición de valores morales, y el argumento por la prueba de las experiencias religiosas.

Nos centraremos en este ensayo en los argumentos de contingencia y diseño, centrados ambos en el estado del mundo, y lo que de él conocemos actualmente.

Un argumento basado en evidencia empírica debe ser consistente con dicha evidencia. Así por ejemplo, sí logramos evidencias de fósiles de formas extintas de vida de hace 200 millones de años atrás, cualquier teoría para explicar estas evidencias no debe escamotear las mismas. Pero igualmente, la realidad física presupuesta por los argumentos cosmológicos y teleológicos desafía la concepción de la física moderna , y desafía las leyes de la naturaleza, incluidas las de la mecánica cuántica y la relatividad. Es un hecho que estos avances destrozaron los principales conceptos de la cosmovisión newtoniana: “La noción de un espacio y un tiempo absolutos, la noción de partículas sólidas elementales, la interpretación estrictamente causal de los fenómenos físicos, y el ideal de una descripción objetiva de la naturaleza”. (Capra 61).

Tomás de Aquino en la antigüedad, y más recientemente Richard Taylor, presentaron las dos formulaciones de los argumentos cosmológicos considerados en este ensayo. Este argumento afirma que “el cambio en el mundo implica la existencia de algo que no cambia, y que la contingencia de todas las cosas implica que algo debe existir necesariamente”. (Porter 128). Este argumento resulta de la negativa a aceptar la posibilidad de una cadena infinita de causalidad. Los proponentes de esta teoría aseveran que esta afirmación tiene que terminar en alguna parte, y que en este término se encuentra Dios, como causa primigenia.

Aquino dividió su argumento en cinco contingencias separadas. Primero, observa que existen, en el Universo, objetos en movimiento. La ciencia moderna ciertamente esta en ello de acuerdo con Aquino. El problema surge con la segunda de sus premisas: “cualquier cosa que este en movimiento, es puesta en movimiento por otro objeto” (Aquino 143). Aquino concluye que, puesto que todo el movimiento debe estar causado por el movimiento de otro objeto, entonces tiene que existir un Ser que inició todo este movimiento, a objeto de no propugnar una regresión infinita en esta dinámica. A este ser, Aquino le llama Dios.

Sin embargo, su afirmación de que el movimiento requiere un objeto que lo inicie contradice la teoría cuántica. La Ley de conservación del momentum afirma que “El momento total de un sistema de partículas permanece constante cuando la fuerza externa que actúa sobre el sistema es cero”. (Serway, 224). Sí el sistema en cuestión es el Universo, no existe una fuerza externa. El Universo tiene que mantener constante su momento total. Sí dos objetos aparecen espontáneamente de modo que la suma de sus momentos sea cero, esta Ley no es violada, y el movimiento se crea a si mismo. Pero una cosa es que ello sea físicamente posible, otra que ocurra en la realidad. ¿Ocurre este fenómeno en la realidad? Ocurre todos los días en los aceleradores de partículas a lo largo del planeta. La ecuación de Einstein E=mc2 , señala la dualidad entre materia y energía. Por lo tanto, dadas energías suficientes, estas partículas aparecen espontáneamente y conservan momento.

En segundo lugar, Aquino observa la naturaleza de la causalidad, pero nos referiremos a la formulación de Taylor, que analiza más concienzudamente la naturaleza de la denominada causa eficiente. Cuando Aquino nota la relación contingente entre posibilidad y necesidad, discute la transitoriedad de la existencia. “Nosotros encontramos en la naturaleza cosas que podrían ser ó no ser. Pero es imposible para estas cosas existir por siempre, porque para lo que es posible que no sea no lo ha sido en algún punto del tiempo. Por lo tanto, si para cualquier cosa le es posible no ser, entonces en algún momento no ha debido haber nada en existencia”. (Aquino 144). En términos más sencillos: Aquino asume que si nada existió, sería imposible para toda cosa existir ahora. Puesto que hay toda suerte de objetos que claramente existen hoy en día, algo tuvo que existir eternamente. Él define a ese ser como Dios.

La pifia del argumento de Aquino reside en su presuposición de que toda cosa que existe actualmente puede pensarse que no existió. La no existencia de objetos constituye lo que llamamos vacío en el espacio, falto de toda partícula y energía. La teoría de campo cuántica demuestra que esta energía cero se puede conceptuar como combinaciones de energías positivas y negativas de suma cero. (Schone). Por lo tanto, incluso en el vacío, existen diferentes energías. Los átomos, plantas de manzana, planetas, sistemas solares, y toda suerte de objetos físicos desde lo microscópico a lo macroscópico puede pensarse como que no existieron. Pero, como resultado de las Leyes de la Física, las energías de campo existen eternamente e infringen las restricciones temporales que Aquino pone en existencia. Combinando la dualidad materia energía de Einstein con estas energías de campo, las partículas aparecen espontáneamente y pueden generar todos los objetos físicos en nuestro Universo.

Aquino asume también un Universo infinitamente viejo. Incluso en ausencia de campos de energía, tomaría una cantidad infinita de tiempo para su concepción de un universo vació a ser “llenado”. La Astrofísica provee evidencias muy fuertes para el modelo del Big Bang. Los mejores cálculos colocan este evento en aproximadamente unos 13.700 millones de años. Los modelos teóricos del Big Bang indican que el calor de esta explosión tendría que haber dejado huella. En los mil novecientos sesentas, la física experimental verificó este efecto en la llamada radiación de fondo. La formación de estrellas y planetas requiere la existencia de discos de acreción generados por una distribución desigual de energías predichas por el Big Bang. Sí esta evidencia es correcta, el argumento de Aquino tiene que ser rechazado por inconsistente con un universo finito.

El cuarto argumento de Aquino toma argumentos de Platón relativos a las formas, y puesto que estos no son refutables por la ciencia moderna caen fuera del alcance de este ensayo. Finalmente, Aquino arguye a partir del movimiento de los cuerpos naturales. Aquino nota que “los objetos que carecen de inteligencia actúan para un fin, y ello se evidencia de su actuación, siempre ó casi siempre, de la misma manera”. (Aquino 144). Este argumento, que refleja la noción Aristotélica de objetos poseedores de un estado preferido de reposo, ya colapsó en el siglo XVII con el advenimiento de la mecánica. Las Leyes de Newton explican que el movimiento de objetos es perfectamente adecuado en términos de inercia y fuerzas sin la necesidad de supervisión divina” (Mind 200). Las Leyes deterministas de la mecánica, hacen la hipótesis de Dios superflua al respecto. Este argumento trae también a colación el asunto de si los objetos actúan en relación a unos fines, que discutiremos más adelante en el contexto del argumento teleológico.

Richard Taylor presenta una formulación moderna del argumento cosmológico utilizando la contingencia de causa para mostrar que un primer “movedor” es requerido por el Universo. Basa su argumento en la suposición de que “hay una suerte de explicación, conocida ó ignota, para todo” (Taylor 146) que los desarrollos científicos refutan EXPLÍCITAMENTE. Los teólogos afirman que la cadena de relaciones causales no pueden ir indefinidamente hace atrás en el tiempo, y que la debemos parar en Dios. Pero este concepto de cadena causal requiere de una noción absoluta del tiempo: La causa tiene que preceder al efecto.

Imagine un hombre que hace rebotar una pelota dentro de un tren en movimiento. Él mide la distancia que la pelota recorre como dos veces la distancia desde donde la hace rebotar. Un observador mirando el evento desde el marco de referencia donde se mueve el tren no solo observa un ir y venir de la pelota, pero que esta cambió de lugar en el momento en que para el primer observador la pelota volvió a su lugar de origen (las manos del primer observador). La distancia recorrida por la bola es diferente para los dos observadores. La teoría de la relatividad establece también que la velocidad de la luz es constante en todas direcciones, hecho que ha sido confirmado experimentalmente. La relatividad del espacio y la invariabilidad de la velocidad de la luz se combinan para rechazar la idea de un tiempo absoluto. “Puesto que la velocidad de la luz es simplemente la distancia que a viajado divida por el tiempo que le tomó viajar, [dado un tiempo absoluto] diferentes observadores medirán diferentes velocidades de la luz. Pero en la relatividad todos los observadores TIENEN que estar de acuerdo en cuan rápido viaja la luz ; así pues, tienen ahora que discrepar con relación al tiempo que tomo el evento”. (Brief 21). El tiempo relativo muestra que diferentes observadores discreparán sobre que evento precede a que otro, haciendo imposible determinar la causalidad.

La relatividad también afirma que el tiempo ralentiza en presencia de cuerpos masivos y en marcos de referencia próximos a la velocidad de la luz. Estas observaciones llevan a la conclusión de que el tiempo no puede ser separado de sus elementos espaciales, lo que constituye el concepto moderno de espacio-tiempo continuo. Suponga que un físico asevera que el Big Bang ocurrió. El Teólogo preguntará “¿Qué causo el Big Bang?”. Tremendos problemas le esperan ahora al Teólogo. “No tiene sentido hablar de Dios creando el Universo en un sentido causal, sí el acto involucra la creación del mismísimo tiempo”. (New Physics 38). Se dice que esto fue reconocido incluso por San Agustín en tiempos Romanos cuando observó que “el tiempo era una propiedad del Universo que Dios había creado, y que el tiempo no existía antes del principio del Universo” (Brief 8).

Sí el Big Bang creó el continuo espacio-tiempo, no podemos racionalmente discutir la CAUSA de este Big Bang puesto que no había un tiempo en el cual colocar una causalidad. La probabilidad representa otro argumento en contra de la causalidad. Cuando un meteorólogo predice un sesenta por ciento de probabilidad de lluvia; lo que en el fondo afirma es que NO SABE si va ó no a llover. Ello asevera incertidumbre, no probabilidad. Con mejores computadoras, mayor cantidad de datos, y con técnicas más refinadas, los meteorólogos podrán reportar una lluvia como cierta ó imposible. La experiencia cotidiana en que nos movemos por medio de probabilidades tiene su origen en una falta de conocimiento completo del sistema sobre el que pretendemos hacer predicciones. La verdadera probabilidad tiene que ver con la incertidumbre de la ocurrencia ó no de un evento a pesar de un conocimiento completo del sistema. Es el azar pudo y simple.

La física moderna afirma que existe una improbabilidad inherente en ciertos eventos, aunque tengamos toda la información sobre el sistema. (Dios sí juega a los dados, parafraseando a Einstein). “Una partícula individual vendrá a la existencia abruptamente e impredeciblemente, en un lugar y momento que no se puede designar previamente”. (New Physics 35). La Probabilidad de este evento puede ser conocida con un alto grado de exactitud en los aceleradores de partículas, pero la creación de partículas es probabilística y no está gobernada por ninguna ley física. El electrón existe no como un punto con carga, pero como probabilidades de distribución en los átomos. La relatividad, la mecánica cuántica, y el Big Bang proveen todas ellas evidencia en contra de las relaciones causales que Aquino y Taylor suponen.

Proponentes del argumento de causa primigenia se encuentran generalmente arguyendo circularmente, Afirman que toda cosa tiene una causa y que Dios fue la causa inicial. Cuando se les pregunta cual fue la causa de Dios, ellos replican que Dios existe eternamente. Dada la premisa de que TODO tiene una causa, ellos violan crédulamente sus propias permisas. Al postular un Dios sin causa; ¿Porqué tendría que ser más plausible que la hipótesis de un Universo sin causa? Pero sin los requerimientos de una causa primera, sus argumentos a favor de la existencia de Dios ó primer magufo encuentra serias dificultades.

El argumento teleológico busca también probar la existencia de Dios. Fue articulado por William Paley en su Teología Natural; el argumento es como sigue:

“Al cruzar un brezal, supongamos que topo mi pie contra una piedra, y me pregunto como pudo esa piedra llegar ahí. Podría posiblemente contestar, que, por toda cosa que sepa en contrario, ella estuvo allí por siempre; no podría, quizás mostrar con facilidad el absurdo de esta respuesta. Pero supongamos que me encuentro un reloj en las mismas condiciones, y se me pregunta como es que el reloj llegó a ese lugar, Difícilmente puedo siquiera pensar en la respuesta dada anteriormente; pues por toda cosa que se, el reloj siempre estuvo allí” (154).

Los proponentes de la teoría del diseño arguyen a partir de la naturaleza que el mundo “exhibe claramente evidencia de diseño y, donde hay diseño, hay un diseñador” (Orken).

Sí la composición de la atmósfera terrestre variara tan solo ligeramente, toda la vida en la tierra podría ser destruida. Sí el sol estuviera un poco más cerca, ó más lejos de la tierra, la vida no existiría. Las formas de vida poseen exactamente lo que precisan para lidiar con su medio ambiente. Paley encuentra todo esto de una coincidencia increíble como para no haber sido planeado por un ser sobrenatural.

Señalemos primero que al afirmar la existencia de un ser sobrenatural, su teología no tiene porqué llamarse “natural”; hay en ello una contradicción en los términos. Este argumento tuvo alguna fuerza antes de la publicación de Darwin de “El Origen de las Especies”; que propone un proceso verdaderamente natural, que explica como entidades de mayor complejidad pueden surgir a partir de entidades más simples. La evolución involucra el concepto de que las especies se adaptan a sus medio ambientes a objeto de preservarse a si mismas. “Sorprenderse de que los animales estén bien adaptados a su medioambiente es como admirarse de que todos los ganadores Olímpicos sean buenos atletas” (Porter 129). Si este no fuera el caso, los animales no existirían en primer lugar. Los virus desafían la acción de anticuerpos y sistemas inmunológicos para preservarse a si mismos. Los Esquimales poseen mayores deposiciones grasas que los Africanos a objeto de retener un calor que les es vital para su supervivencia. Abundan los ejemplos, muchos de ellos sangrientos, de cómo las formas de vida se adaptan a sus medio ambientes. Les va la vida en ello.

El principio antrópico establece que “en un universo inmenso ó infinito en espacio y/o tiempo, las condiciones necesarias para la vida inteligente se encontrarán solo en ciertas regiones muy delimitadas en espacio y en tiempo. Es un poco como ese rico que vive en un barrio de ricos y no ve que ADEMÁS existe la pobreza”. (Brief 124; mis mayúsculas). La razón de que el Universo muestre las características que tiene es que, si las circunstancias fueran otras, no estaríamos aquí. En buenas cuentas, el principio antrópico postula que las Leyes Físicas son una condición necesaria para la existencia humana. Paley afirma que las Leyes Físicas son una condición suficiente para la vida. “No es que el medioambiente fuera hecho para adecuarse a nosotros, pero nosotros crecimos para adecuarnos al mismo” (Russell).

Más aún; el argumento teleológico asume que existe diseño en el Universo. Los científicos están de acuerdo en que hay sistemas locales que exhiben orden; pero discrepan que ello se pueda generalizar a todo el Universo. Por la Segunda Ley de la Termodinámica se establece que “la entropía de un sistema cerrado siempre aumenta” (Brief 102). Para que esta Ley no sea violada, un incremento de orden tiene que ser correspondido de un mayor incremento de desorden. Construir un puente constituye un incremento localizado de orden, pero la energía disipada en su construcción (energía disipada desde la obtención del hierro a partir de las menas minerales) supera con creces una tendencia total a formas más degradadas de energía.

Los críticos afirman que debemos descartar el argumento de la entropía por causa de la evolución. Ellos arguyen que la evolución del Australopitecos afarensis en Homo sapiens incrementa el orden sin que exista el correspondiente incremento entrópico. Sin embargo, la evolución preserva esta Ley al tomar para su funcionamiento energía del sol: Energéticamente hablando, nuestro planeta no es un sistema cerrado. (New Physics, 166).

David Hume atacó el argumento de Paley en razón a que Paley fabricaba una analogía. La lógica define una analogía débil como “una falacia informal que ocurre cuando las conclusiones de un argumento dependen en una analogía que sea lo suficientemente fuerte como para soportar sus conclusiones”. (Hurley 655). De que algunos objetos que muestren algunas características comunes , no sigue que compartan todas sus características. La fuerza de las similitudes es lo que hace las analogías, pero las analogías no ofrecen pruebas, solo infieren afirmaciones que podrían ser ciertas. Sí el Universo tuvo un diseñador, su paralelismo con el reloj muere ahí.

A pesar de todas las evidencias reclutadas por la ciencia contra estos argumentos, mucha gente escoge todavía creer en Dios. Estos argumentos poseen una belleza estética intrínseca, a pesar de que las ciencias sugieren su abandono. La habilidad de Aquino al escribir su tratado medieval debe ser reconocida. ÉL trabajó con el conocimiento de su época (es decir, casi con nada); y mal podía haber anticipado el sofisticado conocimiento científico de nuestra época. Las normas culturales de su época predicaron lo que serían sus argumentos y conclusiones. De manera distinta, las concepciones de Taylor se formulan en nuestros días, donde a pesar de la dificultad de entender la Física Moderna, es absurdo razonar de espaldas a sus logros. Paley jamás escucho a Darwin ni tuvo el chance de replicar a sus afirmaciones. Estas figura fueron consistentes con una cosmovisión de un mundo precientífico.

Pero la verdad no puede ser buscada desde la ignorancia. Estamos en la época de la relatividad, la física cuántica y la entropía. La Teología ha tenido que volcar sus objeciones contra estos conceptos. Hoy las objeciones son contra la ciencia. ¿Es que la ciencia tiene que ocuparse de asuntos de la religión y la fe? La ciencia representa nuestra concepción de la realidad.

Mas aún, las teorías científicas no pueden “probarse”. Toda Ley Física hace una modesta afirmación inductiva: No creemos en resurrecciones, pues la descomposición de un cuerpo hace imposible la reversión de miles de procesos irreversibles. De ello tenemos solo una afirmación inductiva. No hemos podido cerciorarnos de todos los difuntos que en el mundo han sido. Cuando suelto un objeto este cae al suelo. Asumo modestamente que las siguientes veces los objetos seguirán cayendo al suelo. No hemos podido cerciorarnos de todos los objetos que en el mundo cayeron alguna vez al suelo. Esa es nuestra incertidumbre.

Rechazo los argumentos a favor de Dios porque contradicen mi comprensión del mundo.

Los filósofos me dicen que los sentidos pueden engañarme, que la información empírica no tiene porqué ser confiable. Veo estas objeciones como arbitrarias, pero además las veo contradictorias: Cuando estos mismos filósofos me dicen que las revelaciones de algún esquizofrénico son trozos empíricos no corroborados por otros observadores, que si valen como pruebas para la existencia de Dioses.

Obras citadas

1. Aquinas, St. Thomas. "Summa Theologica". Porter 143-4.

2. Capra, Fritjof. The Tao of Physics. Boston: Shambhala, 1991.

3. Davies, Paul. God & the New Physics. New York: Simon & Schuster, Inc., 1983.

4. ibid. The Mind of God. New York: Simon & Schuster, Inc., 1992.

5. Einstein, Albert. "Religion and Science". New York Times Magazine 9 November 1930: 1-4.

6. Hawking, Stephen. A Brief History of Time: from the Big Bang to Black Holes. New York: Bantam Books, 1988.

7. ibid. Black Holes and Baby Universes and Other Essays. New York: Bantam, 1993.

8. Hurley, Patrick J. A Concise Introduction to Logic. Belmont, CA: Wadsworth Publishing Company, 1997.

9. Kosko, Bart. Fuzzy Thinking: The New Science of Fuzzy Logic. New York: Hyperion, 1993.

10. Onken, Orrin R. Big Dummies Guide to Theology, Philosophy, and Ethics.

11. Paley, William. "Natural Theology or Evidences of the Existence and Attributes of the Deity". Porter 154.

12. Porter, Burton F. Religion & Reason: An Anthology. New York: St. Martin?s Press, Inc., 1993.

13. Russell, Bertrand. Why I am Not a Christian. National Secular Society, South London Branch. Battersea Town Hall. 6 March 1927.

14. Schone, H E. Professor of Physics, College of William & Mary. Personal Interview. 21 April 1997.

15. Serway, Raymond A. Physics for Scientists and Engineers with Modern Physics. Philadelphia: Saunders College Publishing, 1986.

16. Taylor, Richard. "A Reformulation of the Argument from Contingency". Porter 146.

Fritz Allhoff

Comentarios

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190.228.211.121

Sábado, 17 de Diciembre de 2011 a las 10:16:59

Por: Diego Romero

Roberto:

Sí, me ha gustado, gracias por traerlo ;)

186.24.23.1

Viernes, 16 de Diciembre de 2011 a las 17:07:58

Por: Roberto Tamayo

http://www.youtube.com/watch?v=Fs_MwYZHm7g

Creo que a ti tambien te va a gustar...

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