La Página de DriverOp

Alicia en el país de los ciegos mentales.

Viviendo estos tacones de charol rojo, calzando esta absurda soledad que tiembla de abandono y frío, por ahorros agenos y la meticulosidad de un tiempo despilfarrado inocentemente; o quizá solo sea que esta soledad tiene una prisa desenfrenada y hambrienta de cariño express.

Contrastes irreconciliables, pequeño acervo de palabras inconprendidas.

Notas distintas sobre una misma partitura o quizá sol.

¿Los dos ritmos diferentes que jamás han de congeniar?

Supongo (una suposición mas disfrazada de esperanza que la fé religiosa) que el tiempo se encargará de hacerme llegar la respuesta a esa pregunta.

Y si este frío en los huesos no presagia lo que se pudiese imaginar de un platónico final feliz, es cuando se atravieza la duda como una sombra al cuestionarme si es esto lo que me llena, lo que siempre soñé, y aun así, ¿cuál es el final de la vida?, bah! filosofía barata de mis palabras gratuitas, como Alicia en el país de los ciegos mentales.

¿Y aún así, será tan mala la ignorancia al final?.

La ignorancia en pleno podría llegar a ser un estado de felicidad inconsciente, pero si uno atisba un pequeño haz de luz en esa obscuridad enagenante, se convierte en una obsesión crónica, que trata de iluminar esa obscuridad deboradora que nunca termina por ceder ante toda la luz que intentamos ingresar en ella.

Por Karla Nahmmacher,